... Estaba yo quitándome...

... Estaba yo quitándome el tinte de la cabeza cuando, de repente, me acuerdo que tenía un asunto pendiente. El caso es que cuando estoy ya fuera de la ducha con el albornoz puesto y la cabeza envuelta en una toalla en forma de turbante, para mantener la melena en su sitio quietecita, veo mi imagen reflejada en el espejo. Oh! ¡Qué pintas tengo! ¡Qué cara tan blanca! Por favor! Mejor que no me vea nadie ahora con estas pintas!... Pero tenia una cuenta pendiente y la debía cumplir en ese momento. No, no podía esperar, ese era el momento oportuno y pensé: ¡Ahora! ¡O lo hago ahora o nunca! Me arrepentiré toda la vida si no cumplo mi promesa. Llegando a ese estado de nervios, que me llenaba todo el cuerpo, me armo de valor y me aventuro en mi misión. Estaba el espejo lleno de vapor con algunas gotas ya transformadas en líquido cuando, con el brazo derecho, hago un movimiento de derecha a izquierda para poder verme un poco relejada. Aún con el espejo mojado, veo mi cara un poco mejor y lentamente, muy lentamente, me voy acercando a él(el espejo, claro. Me invade un deseo irrefrenable de cariño y quiero reflejarlo en la punta de la nariz (ya que es donde llego antes, je je), pero me resulta imposible. El movimiento de los labios hace que toda mi cara sufra un movimiento reflejo y el beso, que intentaba hacer, no va al destino que yo pretendía si no a los labios de la imagen reflejada.

Cual es mi sorpresa cuando me veo dándome un beso a mi misma! Siento repentinamente un estado de vergüenza y mi imagen, que antes veía pálida, veo como enrojece en unos segundos. Me quedo unos instantes quieta, sin hacer ningún movimiento. Pero poco dura mi aturdimiento. Sonrío. Y, sin pensarlo más, repito la misma acción, pero esta vez sabiendo lo que hago. Porque, si de alguna cosa no me avergüenzo, es de quererme a mi misma. Continúo sonriendo y ya, tranquila conmigo misma, continúo con mi tarea de arreglarme.

Tenia una cuenta pendiente, si. Y ya la había cumplido, si. Ya podía dar la vuelta y volver a pensar en mi familia y en lo que tenía que hacer el resto del día. Y es que creo que de vez en cuando tendríamos que pensar más en nosotros mismos y en querernos un poquito más.

Locura en prosa (14-abril-2007)

marisa